ENCADENADA

Encadenada, un relato de ficción inspirado en la ceremonia del collar descrita en RosazulBDSM.

Encadenada.

Media tarde. Mi sumisa estaba acompañada por uno de nuestros mejores amigos y en cierto modo consejero en nuestros inicios en el BDSM. La llevaba del brazo, ella con las manos a la espalda.

Yo simplemente aparecí de entre las tinieblas, nadie me acompañaba.

Ella vestía un corsé bien cinchado donde relucía la pedrería y resaltaban las hebillas, la minifalda, ajustada, los tacones la elevaban y le daban ese aspecto majestuoso. Por unos segundos no pude levantar la mirada de sus pechos que se movía a cada respiración. Ninguna joya, solo su cuerpo.

Ahora la inspeccioné más detenidamente, se había recogido el pelo con dos moñetes en los laterales – cómo me recordaba a esas colegialas traviesas – resaltando su cuello desnudo, dispuesto.

Noté un estremecimiento. Mi figura enfundada en los ropajes negros tembló moviendo el medallón que colgaba en mi pecho, su luz brilló tenuemente con la mirada penetrante de un felino.

Adelantó sus manos extendiéndolas y avanzó ofreciendo la correa entre las palmas de sus manos.

Yo levanté la fusta acariciando sus mejillas que rápidamente se tornaron carmesí, presioné levemente obligándola a mirar a la mesa donde una vela iluminaba tintineante papeles y tinta. El contrato.

Sonó una campana. Nuestros cuerpos se estremecieron ante lo deseado. Era la señal. Podíamos comenzar.

- “¿Acudes a mí libremente?” – pregunté con voz firme.

- “Ahora soy libre. Actúo libremente y es mi deseo y voluntad. Es mi elección” – contestó en un cierto tono hipnótico.

Di unos pasos hacia atrás interponiendo una cierta distancia. Ella debería recorrer sus últimos pasos voluntariamente.

Sonó la campana por segunda vez.

Ella giró hacía nuestro amigo y le miró fijamente sin mover sus labios, su mirada era la pregunta.

- “Soy testigo y afirmo que no hay ningún impedimento conocido para impedir esta unión.” – declaró solemnemente – “Procedan”.

Avanzó de nuevo con las palmas mirando al cielo y la correa entrelazada a los dedos.

- “Yo le ofrezco esta correa mi Señor para que me guíe y me dirija en mi viaje en la vida. Es mi deseo pertenecerle y seguirle allí donde usted elija llevarme” – era su decisión.

- “Al poner este collar en tu cuello y al ser aceptado por ti, sumisa, prometo hacer todo lo que sea para ser digno de ti. Prometo apoyarte y cuidarte, exigirte y dejarte volar, respetar las necesidades de nuestra relación por encima de cualquier otra cosa, amarte, honrarte, apoyarte en todo y ser sensible a tus necesidades y deseos. Reconozco la confianza que has puesto en mí y la responsabilidad que conlleva mi aceptación de esa confianza. Para nunca violar o tan siquiera amenazar con violar esa confianza, me esforzaré en mantener mi mente lo bastante abierta como para aprender nuevas cosas, lo bastante como para crecer. En momentos de problemas, para ser un buen amigo y una buena pareja, nunca olvidaré que esto es una relación de amor. Reconozco y acepto con todo mi corazón el regalo de sumisión que me has hecho. Esta Correa no es más que un símbolo de lo que ya sabíamos: que tú eres mía

Había dejado la fusta sobre la mesa, y ahora sujetaba un collar de acero que brillaba poderoso en aquella tenue luz.

- “¿Aceptas este Collar con el mismo espíritu con que te lo entrego?" – Pregunté         

- “Hago esto con total humildad y respeto hacia usted, mi Señor. El collar que me ofrece es el recordatorio del control que le he entregado. Le entrego todo mi yo” – acertó a responder sin ningún atisbo de duda.

- “Repite después de mí” – ordené esperando unos segundos – "Acepto este Collar como una expresión de entrega a mi Amo. Lo hago libremente, completamente y sin reservas. Estoy de acuerdo en honrar nuestra relación sobre cualquier otra cosa, y buscar y llenar todas sus necesidades y deseos. Llevaré este collar con orgullo, sabiendo que mi Amo me protegerá, me respetará, me apoyará. Prometo comunicarme siempre abierta y honestamente con mi Amo, no guardándome nada para mí. En este momento entrego el control de mi cuerpo y de mi alma sumisa para cualquier propósito que mi Amo desee. Me esforzaré por ser la mejor sumisa para mi Amo y no hacer nada que lo deshonre. Prometo mantenerme física y psíquicamente sana. Con un corazón alegre y mi libre consentimiento, doy la bienvenida a mi rol como sumisa desde este día en adelante hasta el momento en que yo reclame mi libertad o mi Amo me la quiera devolver."

Ella repitió una a una cada frase, saboreando cada palabra, cada significado, cada instante en la que se alma se iba transformando. Volvió a extender sus manos y esta vez me ofreció un candado con su llave.

- “Con esta llave expreso mi compromiso con mi Amo y la entrega de mi cuerpo y pasión. Permanece como un símbolo sólido de la confianza en mi Amo sin miedo. Por mi deseo de complacerle y no por temor al castigo. Me guarda con seguridad y excluye cualquier otro poder sobre mí” – fueron sus palabras como un alivio, relajadas.

- “Repite tras de mí: al cerrar este candado y entregar la llave, acepto la profundidad de tu pasión, devoción y confianza para tenerme, dirigirme y proporcionarme un lugar donde puedas expresar todos tus deseos”.

Repitió de nuevo cada frase, con total devoción. Mi cuerpo se volvió a estremecer.

Extendí mis alas y levanté los brazos. Ahora tenía todo el poder, su cuerpo y su alma me pertenecían, ella arrodillada, atada a la cadena de mis deseos.

Negrura... 

Mi cuerpo, inquieto, volvió a estremecerse. Abrí los ojos lo suficiente para que la luz no me deslumbrara, ya estaba amaneciendo, las sábanas rozaban amorosamente mi torso desnudo, pero seguía recordando ese sueño. Tan realista. Casi sentía las alas batiendo en mi espalda, el olor de la vela quemándose, la densidad del aire, un zumbido lejano…

Abrí mi mano derecha notando aun la fuerza del puño apretado y las suaves crestas… ¡de la llave!


Hattori_San

9 Blog Mensajes

Comentarios