De la moral y otras tonterías

Mientras más mayor me hago, mas depravado me vuelvo. No puedo evitarlo. Ni quiero.

No sé si a vosotr@s también os pasa, pero parece que la edad trae consigo una especie de libertad inherente que no puede aprenderse más que con el transcurrir de los años.

Mientras más mayor me hago, mas depravado me vuelvo. No puedo evitarlo. Ni quiero. 

No sé si a vosotr@s también os pasa, pero parece que la edad trae consigo una especie de libertad inherente que no puede aprenderse más que con el transcurrir de los años. 

Es interesante, y cuando menos curioso, pero cosas que antes podían (no escandalizarme, que yo no gasto de eso) sorprenderme, a día de hoy las veo como algo natural o incluso necesarias en mi vida. Los conceptos de bien y mal cada día parecen estar más nítidos, no porque se distancien el uno del otro, sino más bien porque se difuminan entre sí dependiendo del punto de vista desde el que miremos las cosas. Y en esos conceptos de bien y mal, por supuesto va inserta la moral, como una losa antaño pesada y que ahora se me antoja liviana como una pluma. Es curioso el concepto de "moral", ¿verdad? Años atrás la moralidad me parecía un concepto importante en la vida, tener una serie de preceptos o normas que nos guiasen en nuestro devenir. Pero ¿Quién marca esas directrices? La sociedad en la que vivimos, sin duda alguna. Esa misma sociedad que nos dice qué debemos hacer, cómo debemos vivir y qué tenemos que pensar o decir. Ser políticamente correctos está de moda (a ver cuánto dura...). Pero tranquilos, que aquí no hablamos de política, ni somos correctos. A las cosas las llamamos por su nombre, porque somos hijos de una puta que un día se cansó de estar de rodillas y dijo "hasta aquí hemos llegado", mientras se limpiaba el semen de la boca. Liberales, si, pero con puntillita, que lo mío es mío y lo tuyo también, y el compromiso ya si eso, para otro día. La falta de moral no exime de tener principios, y aquí, en el BDSM, son muy necesarios. No olvidemos que incluso Sade era un moralista, y no en vano se reía de la pulcritud y la falsedad de la sociedad en la que vivía, donde por delante se santiguaban ante el cura y por detrás se arrodillaban ante el monaguillo. En fin, que tenía ganas de solteros éste rollo, y recordaros que en el BDSM el todo vale está muy bien, pero que las hamburguesas vegetales no existen. Yo ya me callo, ahora es vuestro turno de pensar. Un abrazo


Sarastro

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